MANIFIESTO
La ciberseguridad clásica fue diseñada para un escenario estático, predecible y fragmentado.
Hoy operamos en ecosistemas digitales dinámicos, distribuidos y altamente automatizados, donde la protección debe ser continua, autónoma y adaptativa.
Vivimos en un mundo hiperconectado, donde la vulnerabilidad digital crece de forma constante y afecta por igual a personas, empresas, organizaciones y entidades públicas.
El impacto de los ciberataques ya se mide en billones de euros, pero el daño real va mucho más allá de lo económico: La pérdida de privacidad, la exposición de datos, la paralización de servicios esenciales y el deterioro psicológico y reputacional.
Nacemos de la necesidad de hacer las cosas bien. Con criterio técnico, responsabilidad y respeto por los entornos que protegemos.